Responsabilidad compartida frente a las pandemias, prevención y detección oportuna

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Escribe: Rodrigo Araya
Consejero Regional (RD) por Coyhaique
Médico familiar

Este año hemos aprendido sobre lo que es y cómo se desarrolla una pandemia, debe ser el momento en que nos hemos sentido más expuestos conviviendo con una amenaza concreta, un virus del que no sabemos lo suficiente y para el cual recién se aprobó la vacuna en Reino Unido, con la aprobación de la vacuna de Pfizer y BioNTech. Han sido meses de prevención y cuidado frente al coronavirus, con medidas a nivel mundial, movilidad internacional y nacional reducida, un virus que nos ha obligado a aislarnos, a reducir nuestro contacto social, a tener conciencia del otro u otra, y a informarnos adecuadamente. El anuncio de la aprobación de esta vacuna llega con un día de diferencia del Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, fechas que sin duda se tornan emblemáticas para la Ciencia y la Salud. Menciono el SIDA porque también es una pandemia, lamentablemente estigmatizada, silenciada e invisibilizada. De acuerdo a Médicos Sin Fronteras, cada año, mueren alrededor de 800.000 personas y 2 millones se contagian y, a pesar de los grandes avances en la lucha contra el VIH/sida, la discriminación social hacia las personas viviendo con VIH continúa.

Fue el 1 de diciembre de 1981 que se diagnosticó el primer caso en el mundo. En nuestro país, tres años después, en 1984, murió el primer paciente, desde entonces, una serie de campañas de prevención han pasado ante nuestros ojos, interpelándonos para hacernos el examen. Sin embargo, las personas le temen al examen, se avergüenzan del diagnóstico, que aún en los tiempos que corren, tiene un gran costo social, carga moral, y continúa el rechazo o el abandono incluso en círculos familiares, y la pregunta si es que el tratamiento es el indicado o si habrá una entrega efectiva, pues sabemos que la pandemia del coronavirus ha puesto también otras prioridades. Leonardo Arenas, coordinador para Chile de Aids Healthcare Foundation sostuvo que, “la pandemia no puede hacernos olvidar la otra pandemia, que es el VIH y el SIDA, ya que los avances que habíamos logrado pueden sufrir retrocesos. Por ahora, lo urgente es retomar las atenciones de las personas que viven con VIH, que han sufrido postergaciones de sus exámenes y atenciones médicas”.

No podemos diluir la prevención en la generalidad y ser indiferentes frenta a la responsabilidad, que es de todos y todas. El VIH no discrimina, y siempre es un buen momento para hacerse el test, ya que con una detección a tiempo, un tratamiento adecuado y una vida saludable permite reducir casi a cero el riesgo de transmisión del virus, por lo mismo, identificar a tiempo el VIH resulta necesario y esencial, para la salud pública y para la del paciente. Debemos involucrarnos como sociedad en estos temas. De acuerdo a datos entregados por el Ministerio de Salud (Minsal), se estima que 67 mil personas son portadores de VIH, y de éstas sólo un 70% han sido diagnosticadas. De acuerdo al Plan Nacional de Prevención y Control de VIH 2019, en Chile existe una prevalencia que se mantiene en aumento desde el año 2015, sobre todo en los adolescentes entre 15 y 19 años.

El SIDA es la consecuencia de la difusión del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y se transmite por la sangre y fluidos corporales, y en un período de algunos años, debilita el sistema inmunitario hasta causar el síndrome de inmunodeficiencia adquirida o SIDA. Cuando las defensas se debilitan, pueden aparecer infecciones oportunistas como la candidiasis, la neumonía o varios tipos de tumores. Y, si bien, el VIH/Sida no tiene cura,
debemos también ser positivos y saber que el VIH dejó de ser una sentencia de muerte.
Debemos considerar que en Chile existe la Ley 19.779 que establece que “la prevención, diagnóstico y control de la infección provocada por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), como la asistencia y el libre e igualitario ejercicio de sus derechos por parte de las personas portadoras y enfermas, sin discriminaciones de ninguna índole, constituyen un objetivo sanitario, cultural y social de interés nacional”. Por lo tanto, en conjunto como ciudadanía y legislación, debemos volcar también la voluntad política y social hacia el cuidado de las personas que viven con VIH / SIDA, a la prevención, al autocuidado, al diálogo, y luchar no solo contra el SIDA, sino que también contra la discrminación, para que esta pandemia no sea invisibilizada y todos y todas podamos acceder o continuar a tratamientos a tiempo, y sin quedar en el olvido, cualquiera sea el virus.

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